Mandala de Otoño

martes, septiembre 29, 2009


"Mandalas de Otoño"
(Martin La Spina)


Si un día me atrevo a tocar tu semblante para permitirme probarte que eres real, tan profundamente humano y no un fantasma creación de mi amor y pudiera bordarte en mil colores, podría dejar de balancearme en la nostalgia de mis tijeras gastadas con las que corto una a una tus plumas que insisten en crecer, que me cubren y me espantan como oscuras bofetadas de angustiante realismo.

Si me atrevo a tocarte y pintarte un día para soñarte como mi eterno mandala de artificios, desde tu periferia hasta tu centro abundante de modo que pudiera conjurar mis miedos o simplemente rendirme hasta que de a poco tu fantasma se esfumara, me bastaría con encenderte en la risa para que pudieras partir sin culpas ni amarguras.

Si un día me atreviera a buscarte y a tocarte amor, así, tan solo un poco ahí donde estás, quedado en mil silencios, con tus sutiles alas negras con las que pretendes algún día iniciar algún vuelo, algún retorno, sabrías que no podemos escondernos, que fue tan bueno mojarme en el rocío de tus palabras amando la vida y llorando en silencio hasta que perdí la llave de mi mandala eterno.

Si me atrevo a mirarte así, como eres, dulce y perverso, rapsoda silente empapado de otoño y bañado de vientos, deshojándote leve y constante, creciendo en círculos y rodeando mi centro en esferas que no cesan, besándome a ratos, callado y eterno desde la más primitiva forma del tiempo, sabrías que no podemos, aún así, jamás, escondernos.

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